jueves, 19 de septiembre de 2013

Kochi y el otro país del té

Ya estoy de vuelta en Kochi, en la ciudad, en la modernidad (moderada), en territorio wifi. El martes a las 7 de la mañana llegó mi autobús desde Madurai, y me dirigí a un alojamiento que me había gustado en la guía para empezar mi periplo por aquí. Afortunadamente, no tenían problemas de habitaciones, y además la señora que lo regenta (junto a su marido, un exmarinero que guarda muchos recuerdos - y palabras en español - de sus viajes por Valencia, Barcelona, Palma y Panamá) me ayudó muy amablemente a organizar mi estancia aquí. Después de dar unas cuantas vueltas, decidí ver Kochi ese día, hacer a continuación una excursión a las montañas de Kerala haciendo noche allí, y dejar la excursión a las backwaters para el viernes, mi último día de viaje...

En la primera impresión, Kochi me pareció una ciudad gris. El color del cielo y la lluvia podían sobre todo lo demás. Los monumentos más importantes son coloniales: una de las iglesias coloniales más antiguas de la India, fundada por los portugueses en el siglo XVI (y en la que estuvo enterrado Vasco de Gama, que murió aquí), un palacio construido por los portugueses y remodelado por los holandeses, y la sinagoga más antigua de la India. Para sumar a la mezcla, redes de pesca chinas con siglos de antigüedad, y la India como pegamento entre todas esas cosas, rellenando cada resquicio.

Después de ver todo eso, desafiando a mis pocas horas de sueño, fui a un espectáculo de danza típica de aquí (del estado de Kerala).


¡Fue sorprendentemente entretenido! Y desde luego no escatiman en adornos para las vestimentas...

Y ayer era hora de salir hacia Munnar, en las montañas de Kerala. No sabía muy bien qué esperarme, porque está excursión no estaba en mis planes, ¡y resulta que acabé de nuevo entre verdes campos de té! Con nuestro conductor, y abordo de un coche de foto, recorrimos carreteras bacheadas flanqueadas de cascadas para llegar a la casa en la que hicimos noche (un matrimonio australiano, otro inglés, una chica inglesa y yo). Aunque una vez más la foto no haga justicia, esta es la vista desde la terraza:


El plan ha sido muy tranquilo: comidas locales, paseo entre las plantaciones y visita a una fábrica de té atestada de turistas indios (pues es Onam, festivo en Kerala) en la que un hombre cantaba, como un predicador, los beneficios del té verde, y despreciaba sin cortapisas la manera que tienen de preparar el té los indios (no me extraña, por otra parte...). Todo ello regado casi siempre por una lluvia pertinaz, y sin wifi ni gota de cobertura, para desconectar...

Pero ya estoy de vuelta "en casa", y mañana sin solución de continuidad salgo a pasar mi último día del viaje recorriendo los tan recomendados backwaters de Kerala. Veremos...



La comida india

Como llevaba mucho sin escribir, aquí va ración doble. Y nunca mejor dicho, porque esta entrada es temática de uno de los puntos álgidos de estos días en la India: la comida. La variedad en los menús, y la variedad de sabores en cada plato, son una maravilla.

Para muestra, un ejemplo práctico, a saber: la cena de hoy. Me he venido a Oceano's, un restaurante recomendado que se especializa en pescado (Kochi es ciudad costera) y en fusión indoportuguesa (ya os decía que los portugueses fueron los primeros europeos que llegaron aquí, en tiempos de Colón). O sea, que no son platos muy representativos de las cosas que he estado comiendo, ¡pero sí del nivel de sabor y "ricura"!


El plato principal ha sido filete de pez rey en mango verde (lo de "pez rey" es traducción directa, aunque dudo que sea el mismo pez rey que comimos en Laredo en tiempos...), servido con appam (las especie de crêpes que veis, no dulces, a modo de pan). Y de beber, ginger lime soda - zumos de lima y jengibre mezclados con soda.

Lo mejor del plato, y en general de los demás que he probado, es la mezcla de sabores. En este caso, predominaba el ácido del mango verde, pero el plato tenía chalotas y muchas especias - amén del sabor del propio pescado, y sin embargo de alguna manera consiguen que ningún sabor se coma a los demás, sino que todos se combinen en un festival en la boca.

Además, la cocina aquí es menos picante, según dicen, que en el norte de la India. Siempre me han ofrecido que mi plato fuera "no picante", que traducido en mi escala significa que es un picante soportable. Como en general son platos más fuertes, a mí me llenan más, de manera que encima estoy comiendo cantidades muy moderadas. De hecho, creo que solo había pedido una vez postre en todo el viaje (Sri Lanka incluido), pero hoy que iba a escribir sobre ello la ocasión lo merecía :-).


Aquí mis bananas fritas con miel y helado. Una vez más, no sé con qué han infusionado la miel, pero al contraste de temperaturas entre el plátano frito y el helado le acompañan mil matices de sabor. Muy rico...

El precio total de la cena han sido 560 rupias, que al cambio no llegan a 7 euros (era un sitio caro...). ¡Habrá que seguir probando!

lunes, 16 de septiembre de 2013

El primer contacto con India

Creo que pocos tienen a Madurai como su primer contacto con India. No hay demasiados turistas aquí (extranjeros), aunque es cierto que no estamos en temporada alta. Pero ha sido mi elegida para la primera vez...

Como primera impresión, en muchas cosas en las que Sri Lanka es mucho, India es más: más gente; más ruido de cláxones; más pesados intentando venderte de todo; comida más rica y variada, y aún más barata; ¡y hasta hace más calor! (Aunque veremos en Kerala...). Madurai, aunque seguramente tiene más habitantes que Colombo, en India es una ciudad más, ni siquiera la más poblada del estado. Bueno, sería una más si no fuese por el Templo de Sri Meenakshi...


Este megatemplo hinduista es el corazón de Madurai. Está dedicado a Meenakshi, "la de los ojos de pez", que es uno de los avatares de la esposa de Shiva. (Esto no os creáis que a mí no me ha costado, pero hoy me ha venido muy bien venir al templo con un guía: los dioses hinduistas tienen muchos nombres, dependiendo de la forma o la actitud que adopten - su "avatar"). Es uno de los principales templos hinduistas del país y, a pesar de que ocupa una extensión enorme, siempre hay un montón de fieles recorriéndolo, rezando a los dioses, comprando y haciendo ofrendas, ¡casándose! - es todo un espectáculo.

Pero esto no se podía quedar en una visita cultural... y aquí el que te invita a ver el templo desde su azotea quiere venderte luego artesanía, y el guía (oficial) que te hace la visita pasa por la tiendecita de recuerdos de "su hermana", en el propio templo, y acaba en una de las incontables tiendas de artesanía india que rodean el recinto. 

Tiendas de artesanía india y un salón hiperminimalista - mala combinación. Solo espero que el par de cosas que me he comprado lleguen sanas y salvas a casa (lo fundamental), y que no me horroricen cuando las vea allí :-).

¡Todo eso ha dado de sí la visita al Templo! Después, me ha dado tiempo también a ver el palacio de los príncipes de la ciudad (los del siglo XVII), y el Museo Memorial de Gandhi, que tiene el dhoti (la tela blanca) que llevaba el día que fue asesinado - porque fue en Madurai donde primero abandonó su ropa normal y comenzó a vestirse como los más pobres. Y, como introducción a India, poco más... 


Esta noche cojo un autobús a Kochi, en Kerala, mi base para lo que queda de viaje, y Madurai me despide con el mejor de sus arcoiris...

sábado, 14 de septiembre de 2013

Desde Galle

Ya es de noche aquí en Galle, la ciudad más bonita de Sri Lanka (para mi gusto), y desde la terraza donde estoy cenando (arroz con curry como para una boda, igual de rico y de picante que de abundante) se escucha el sermón de la mezquita de al lado. Según parece, hay una proporción alta de musulmanes entre los habitantes del fuerte, la fortaleza que los holandeses construyeron en el siglo XVIII y que da sentido y belleza a Galle.


Hoy ha sido un día tranquilo, de recorrer los bastiones del fuerte y rodear así completamente la ciudad antigua, y luego callejear, entre muchos menos tuk-tuks que de costumbre, por las calles interiores repletas de tiendas de artesanía.


Al atardecer, todo el mundo se sube a los bastiones que dan al oeste para despedir al sol sobre el mar. Y con él, yo me despido de Sri Lanka, para emprender mañana (bueno, tras dos trayectos más para llegar al aeropuerto, cierto) la segunda parte de mi aventura, en el sur de la India...

jueves, 12 de septiembre de 2013

La playa

Buf, llevo tres noches en la playa y aún no he escrito nada, pero es que he estado tan liado... 


No cuela, ¿no? :-)

Las dos primeras noches las pasé en la playa de Medakitiya, en Tangalla. Dos pasos fuera de mi alojamiento, y la vista es la que veis arriba. Kilómetros de playa flanqueada por palmeras (y nubes negras :-). En Tangalla estuve con Pauline y Clément, la pareja de franceses con la que hice el trekking de World's End - muy majos... Nos bañamos en la playa, dimos un paseo por Tangalla y aprendimos con los ceilaneses del alojamiento a jugar al karam - una especie de billar en tablero, regándolo con unas copitas de arrack, el licor de flor de palmera de aquí...

Pauline y Clément vuelan antes que yo, así que ayer tenían que continuar camino hasta Galle, y yo aproveché para hacer parte del viaje con ellos, hasta Mirissa. 


Si Tangalla son kilómetros de playa relativamente poco explotada, Mirissa es una bahía repleta de restaurantes que llegan no ya a la arena, sino casi hasta el agua, y destino playero favorito de todos los extranjeros que he conocido por aquí.  Al poco de llegar, recién despedido de los franceses, me he encontrado (¡por enésima vez en el viaje!) con el grupo de australianos (aunque hay ingleses, alemanes, holandeses...) y su guía. Entre risas nos hemos vuelto a saludar, y he estado con ellos charlando y cenando y charlando... Según nuestros respectivos planes de viaje, ya no vamos a coincidir más, pero, visto lo visto, nunca se sabe...

Así que ya veis que he estado "ocupado" aquí en la playa. Hoy seguiré por aquí, explorando Mirissa y acumulando horas de relax para la semana india...

martes, 10 de septiembre de 2013

El fin del mundo

El camino al fin del mundo comienza en la oscuridad. Es noche cerrada aún a las 5 de la mañana, cuando nuestro conductor nos recoge a Pauline, Clément, Didier y a mí para emprender viaje hacia las Horton's Plains. Nada más salir de Haputale, la carretera se vuelve bacheada y serpentea en una sucesión de curvas, de subidas y bajadas. Afortunadamente, se ve alguna estrella en el cielo, así que hay buenas opciones de que el tiempo - esencial en la excursión - acompañe.

A eso de las 6, con las primeras luces del día, la furgoneta inicia un ascenso y, como por arte de magia, una niebla densa nos engulle. Estamos a más de 2000 metros de altitud, y aquí el tiempo no es como en Haputale. Ilusos... Justo antes de llegar a la puerta de entrada del parque natural (la puerta al fin del mundo...), unos ciervos sambar nos saludan entre la niebla, levantando levemente sus cabezas de los pastos a nuestro paso.

Hemos llegado al inicio de la ruta. Las nubes danzan ante nosotros sobre la llanura, ondulada y sin árboles, y nos golpean por ambos flancos. Cae una lluvia ligera. Nos despedimos de nuestro conductor y comenzamos a andar.


Las Horton's Plains son una extensión de terreno ondulante, ventosa y en su mayoría cubierta de matorral, y de los pocos árboles aguerridos que soportan el embate de las nubes y el viento. La niebla da al paisaje una apariencia peculiar, entre desolado y misterioso, muy burtoniano, y muy bello.

Tras algo más de una hora de camino, repentinamente, aparece frente a nosotros la imagen que estábamos buscando: World's End, el Fin del Mundo, el abrupto final a las Horton's Plains, un cortado de casi 900 metros de altura desde el que solo esperábamos ver niebla, y que sin embargo nos sorprende con una vista maravillosa del valle y buena parte del suroeste de esta gran isla.


La foto no hace justicia al sitio. Las nubes negras nos rozan, casi a nuestra altura, pero debajo cobijan el valle, e incluso al fondo, sobre los lagos, luce el sol. Un momento después, cae el telón sobre el fin del mundo: las nubes bajan y nos engullen.


Es hora de reponer fuerzas con un par de sándwiches y retomar el camino que nos llevará de vuelta. De vuelta del fin del mundo...

Podéis ver el recorrido completo y alguna foto más aquí. ¡Ah!, y las Horton's Plains también son Patrimonio de la Humanidad ;-)

lunes, 9 de septiembre de 2013

El país del té

Estos dos días he estado en Ella y Haputale, dos pueblos de la zona de montañas de Sri Lanka (el Hill Country) donde se cultiva el tan famoso té, que todavía hoy comercialmente se llama con el nombre colonial del país: Té de Ceilán.


Hoy ha sido un día de caminatas fáciles y tranquilas entre campos de té, y entre medias un trayecto corto en el tren que atraviesa las montañas y las plantaciones. Toca ir pronto a dormir, que mañana salimos un grupo de cuatro a las 5 de la mañana de excursión al Fin del Mundo, World's End... Espero que el tiempo siga acompañando, y poder mostraros mañana una foto de lo que hay más allá del fin del mundo ;-)...