En la primera impresión, Kochi me pareció una ciudad gris. El color del cielo y la lluvia podían sobre todo lo demás. Los monumentos más importantes son coloniales: una de las iglesias coloniales más antiguas de la India, fundada por los portugueses en el siglo XVI (y en la que estuvo enterrado Vasco de Gama, que murió aquí), un palacio construido por los portugueses y remodelado por los holandeses, y la sinagoga más antigua de la India. Para sumar a la mezcla, redes de pesca chinas con siglos de antigüedad, y la India como pegamento entre todas esas cosas, rellenando cada resquicio.
Después de ver todo eso, desafiando a mis pocas horas de sueño, fui a un espectáculo de danza típica de aquí (del estado de Kerala).
¡Fue sorprendentemente entretenido! Y desde luego no escatiman en adornos para las vestimentas...
Y ayer era hora de salir hacia Munnar, en las montañas de Kerala. No sabía muy bien qué esperarme, porque está excursión no estaba en mis planes, ¡y resulta que acabé de nuevo entre verdes campos de té! Con nuestro conductor, y abordo de un coche de foto, recorrimos carreteras bacheadas flanqueadas de cascadas para llegar a la casa en la que hicimos noche (un matrimonio australiano, otro inglés, una chica inglesa y yo). Aunque una vez más la foto no haga justicia, esta es la vista desde la terraza:
El plan ha sido muy tranquilo: comidas locales, paseo entre las plantaciones y visita a una fábrica de té atestada de turistas indios (pues es Onam, festivo en Kerala) en la que un hombre cantaba, como un predicador, los beneficios del té verde, y despreciaba sin cortapisas la manera que tienen de preparar el té los indios (no me extraña, por otra parte...). Todo ello regado casi siempre por una lluvia pertinaz, y sin wifi ni gota de cobertura, para desconectar...
Pero ya estoy de vuelta "en casa", y mañana sin solución de continuidad salgo a pasar mi último día del viaje recorriendo los tan recomendados backwaters de Kerala. Veremos...













